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Por un empleo digno, formación digna (comunicado conjunto)

En pleno proceso de reducción de plantilla, e inmersos en la dinámica que supone tener que asumir reestructuraciones de urgencia para tapar los agujeros y las necesidades que a la empresa se le presentan debido a la marcha del personal mediante el PSI, cobra especial relevancia el tema de la formación. Aunque ya de entrada queremos dejar claro que no estamos de acuerdo con el hecho de que «mientras nos formen adecuadamente, podemos desempeñar cualquier función» (dicho de otra manera, que la formación no es el único requisito para desempeñar un trabajo, sino también la categoría laboral adecuada, la excesiva carga de funciones distintas, etc.…), sí queremos en este comunicado detenernos a analizar el impacto que tiene una formación deficiente o inadecuada en la calidad del empleo.
 
La formación, en las reestructuraciones, es la gran olvidada y simplemente es implementada de mala manera para cubrir el expediente y poder poner en marcha de cualquier forma los puestos de trabajo reestructurados. Obviamente, es labor de toda la plantilla y de la representación sindical velar por la calidad formativa, y en eso estamos, pero hay una figura que es clave en este proceso, a la hora de conseguir una verdadera formación de calidad, y esa figura es la del profesor colaborador.
 
El/la profesor/a colaborador/a, tiene en sus manos el poder aceptar o rechazar, en última instancia, impartir un curso que considere insuficientemente dotado de medios, tiempo o temario. Creemos que debemos hacer un llamamiento a estos y estas compañeras para que sean exigentes demandando a la empresa lo que debe aportar en ese sentido, que escuchen también las quejas y sugerencias de quienes reciben los cursos y que no cedan un ápice en la calidad del curso que van a dar. Así, conceptos como amplitud de temario, existencia de prácticas y métodos de enseñanza basados en unos métodos pedagógicos reconocidos, deben ser exigencias mínimas que no podemos rebajar.

Si aceptamos dar o recibir formación de mala calidad, estamos implícitamente aceptando también que el trabajo va a ser de mala calidad, con la correspondiente pérdida de calidad de servicio, aumento de carga psicosocial y sensación de deterioro de las condiciones laborales. Estos ítems son claves para situarnos ante la perspectiva de aceptar otro PSI a cualquier precio con tal de huir de un trabajo indigno o en declive, o permitirnos seguir trabajando con dignidad sin ninguna presión extra que nos empuje a marchar.
 
Cabe añadir aquí, que cuando los receptores de los cursos son subcontratas, sean del departamento que sean, (I+M, Atento, O+M, CG’s, etc) la responsabilidad de los profesores colaboradores aún es mayor. No se trata de renunciar a impartir formación a EECC, se trata de exigir la máxima calidad de los cursos para que las y los compañeros de contratas puedan realizar su trabajo de manera correcta y segura. Sabemos qué nivel de formación se da en las EECC y, mientras no consigamos que todas y todos formemos parte de la misma empresa como mínimo tenemos que renunciar a dar cursos insuficientes que perjudican a las compañeras.
 
Este camino nos permitiría encarar con alguna posibilidad de éxito estos tiempos de desmotivación y desazón que estamos viviendo en Telefónica. Lo contrario es permitir sin luchar que la empresa siga echando y bajando el precio a la gente que se va.













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