El conformismo es carcelero de la libertad y enemigo del crecimiento

Hace unos días UGT nos sorprendió nuevamente en su boletín con una noticia que titula: “El diálogo social en Telefónica: Caso de estudio en Europa”, en ella saca pecho de su excelente labor sindical en nuestra compañía, en un claro derroche de soberbia, arrogándose unos supuestos logros como propios, sin tener en cuenta que no son el único sindicato en Telefónica.

En el artículo agradecen humildemente a la dirección de la empresa el reconocimiento de su modelo de interlocución basado en los conceptos de “diálogo social, negociación y consenso”. Destacan el “Diálogo Fluido” (con la empresa) en un entorno de continuo cambio digital.

No es de extrañar, con este grado de complacencia, que este sindicato olvide las consecuencias de lo que denominan “reducir el volumen de la plantilla”. Gracias a la aparición y prolongación de las cadenas de subcontratación (empresas, subempresas y falsos autónomos) el trabajo se ha precarizado con la consiguiente pérdida de derechos laborales: peores salarios, trabajo a destajo, falta de medidas de seguridad y por tanto, aumento de la siniestralidad.

Dentro de nuestra empresa también influye la precariedad externa. El mundo laboral son vasos comunicantes y las tendencias afectan a las condiciones de los colindantes. Cuando las condiciones en el exterior cada día son peores se hace inevitable que surja la comparación y el conformismo frente a tanta precariedad.

La última reforma laboral habilitó un nuevo tipo de convenios, el de Empresas Vinculadas, que en Telefónica sirvió recientemente para que tres empresas del grupo: T-Soluciones, TME y TdE mantuvieran sus diferencias laborales a pesar de ser un mismo convenio y cuando algo se equiparó, fue a la baja. Convenio negociado solamente por UGT-CCOO, a pesar de que apenas representan un 40% de la plantilla.

La desregulación de los turnos y horarios, consecuencia de la mala planificación de la reducción de plantilla, ha facilitado la implantación de jornadas partidas allá donde nunca las hubo (o jornadas inventadas por RRHH no negociadas), y en el caso de los turnos la maquiavélica disponibilidad que te impide planificar tu tiempo libre.

Esa misma falta de planificación ha provocado desequilibrios continuos en la carga de trabajo, encontrándonos departamentos donde las exigencias han provocado ambientes de trabajo irrespirables y perfiles de jefaturas tóxicas por las que, detectadas o no, el nivel de riesgos psicosociales se ha disparado en muchos de ellos.

Nos queda mucho trabajo por hacer y la CGT somos conscientes de ello. Sabemos que con nuestro modelo sindical no vamos a ser felicitados por la patronal, y si lo hiciera, nos deberíamos dar cuenta de que estamos haciendo algo mal y no logramos todo lo posible, pero sí esperamos seguir influenciando en el mantenimiento y mejora de las condiciones laborales de toda la plantilla.

28/08/2018.